Por qué estamos perdiendo la biodiversidad
Cuando la mayoría de las personas piensan en los peligros que acechan al mundo natural, en general evocan la amenaza a otras criaturas. La disminución en el número de animales tan carismáticos como los pandas, los tigres, los elefantes, las ballenas y diversas especies de aves han atraído la atención mundial hacia el problema de las especies en peligro de extinción. Hay algunas especies que han estado desapareciendo a un ritmo entre 50 y 100 veces superior al ritmo natural, y se prevé que esto se intensifique de forma dramatica. Sobre la base de las tendencias actuales, una cantidad estimada en 34,000 plantas y 5,200 especies animales, incluyendo que una de cada ocho especies de aves del mundo, estarían en peligro de extinción.
| Si bien la pérdida de especies llama nuestra atención, la amenaza más grave a la diversidad biológica es la fragmentación, degradación y la pérdida directa de los bosques, humedales, arrecifes de coral y otros ecosistemas. | ![]() |
Los bosques albergan gran parte de la diversidad biológica conocida en la Tierra, pero cerca del 45% de los bosques originales han desaparecido, como resultado de las talas emprendidas principalmente durante el siglo pasado. |
Los cambios atmosféricos mundiales, por ejemplo, el agotamiento de la
capa de ozono y el cambio climático, sólo agregan nuevas fuentes de
presión. El debilitamiento de la capa de ozono permite que un mayor
volumen de radiaciones ultravioletas B alcance la superficie de la
Tierra, donde daña el tejido vivo. El calentamiento mundial ya está
cambiando los hábitats y la distribución de las especies. Los
científicos advierten que incluso un aumento de un grado en la
temperatura mundial media, si se produce abruptamente, puede ser de
serias consecuencias para muchas especies. Nuestros sistemas de
producción alimentaria también podrían verse gravemente
perturbados.
La pérdida de la diversidad biológica con frecuencia reduce la
productividad de los ecosistemas y de esta manera disminuye la
"canasta" de bienes y servicios que nos ofrece la naturaleza, y de la
cual sacamos provecho constantemente. Ello desestabiliza los
ecosistemas y debilita su capacidad para hacer frente a los desastres
naturales como inundaciones, sequías y huracanes y las presiones
causadas por el hombre, por ejemplo, la contaminación y el cambio
climático. Ya estamos gastando sumas enormes para intervenir en casos
de daños de inundaciones y tormentas, exacerbados por la deforestación;
se prevé que estos daños han de aumentar debido al calentamiento
mundial.
| La reducción de la diversidad biológica también nos afecta de otras maneras. Nuestra identidad cultural está profundamente arraigada en nuestro entorno biológico. | Las plantas y los animales son los símbolos de nuestro mundo, y están preservados en banderas, esculturas y otras imágenes que nos definen a nosotros y a nuestras sociedades. |
Extraemos nuestra inspiración simplemente mirando a nuestro alrededor la belleza y el poder de la naturaleza. Si bien la pérdida de especies siempre ha ocurrido como un fenómeno natural, el ritmo de la extinción se ha acelerado de forma espectacular como resultado de la actividad humana. Los ecosistemas se están fragmentando o desapareciendo y numerosas especies están en disminución o ya extintas. Estamos forjando la mayor crisis de extinción desde el desastre natural que hizo desaparecer a los dinosaurios hace 65 millones de años.
Esta extinción de especies es irreversible y, habida cuenta de nuestra
dependencia en los cultivos alimentarios, los medicamentos y otros
recursos biológicos, representa una amenaza para nuestro bienestar.
Resulta temerario, sino directamente peligroso, atentar continuamente
contra el sistema que sustenta nuestra vida. Además, es poco ético
causar la extinción de otras formas de vida y, de esta manera, privar a
las generaciones presentes y futuras de opciones para su supervivencia
y desarrollo.
Cabe preguntarse si podemos salvar los ecosistemas mundiales y, con
ellos, las especies que apreciamos y otros millones de especies que, en
algunos casos, pueden producir los alimentos y los medicamentos del
mañana. La respuesta radicará en nuestra capacidad para armonizar
nuestras demandas con la capacidad de la naturaleza para producir lo
que necesitamos y absorber de forma inocua lo que desechamos.


